La traducción es una de las actividades humanas más antiguas y, paradójicamente, una de las menos visibles. Cada vez que alguien lee una novela escrita en otro idioma, firma un contrato redactado en una lengua que no domina, ve una película subtitulada o descarga el manual de un electrodoméstico en su idioma, está consumiendo el resultado de un proceso de traducción. Sin embargo, pocas personas se detienen a pensar en qué consiste exactamente ese proceso ni qué implica hacerlo bien.

Este artículo parte de la definición más básica y avanza hacia los tipos de traducción que existen, con ejemplos concretos de cada uno. Si ya conoces el concepto y buscas información más específica sobre una modalidad concreta, al final de cada apartado encontrarás enlaces a los artículos donde la desarrollamos en profundidad.

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Qué es la traducción: definición

Traducir es trasladar un mensaje expresado en una lengua a otra lengua, preservando su significado, su función y, en la medida en que el par de lenguas lo permite, su tono y registro. La lengua de partida se llama lengua origen o lengua fuente; la lengua a la que se traduce se llama lengua meta o lengua de llegada. El texto original se denomina texto origen, y el resultado del proceso de traducción es el texto meta.

Esa definición parece simple, pero esconde una complejidad que los traductores profesionales conocen bien. Las lenguas no son sistemas paralelos que se corresponden término a término. Cada una agrupa la realidad de forma distinta, asigna connotaciones culturales propias a sus palabras y organiza la gramática con lógicas que no siempre tienen equivalente en la otra. Por eso traducir es algo más que sustituir palabras: es reconstruir un significado dentro de un sistema diferente.

El lingüista ruso Roman Jakobson propuso en 1959 una clasificación que sigue siendo útil como punto de partida. Distinguió tres tipos de traducción según la naturaleza de los sistemas entre los que se produce el traslado: la traducción intralingüística (dentro de la misma lengua, como cuando se adapta un texto antiguo al español contemporáneo o se elabora una versión en lectura fácil), la traducción interlingüística (entre dos lenguas distintas, que es lo que habitualmente entendemos por traducción) y la traducción intersemiótica (entre sistemas de signos diferentes, como cuando se transforma una novela en película o cuando se convierte la información visual de un producto audiovisual en texto o en voz, como hace la audiodescripción).

En el uso profesional y cotidiano, cuando hablamos de traducción nos referimos casi siempre a la traducción interlingüística. Pero conviene tener presente que las otras dos modalidades también forman parte del trabajo que realizan los servicios lingüísticos especializados.

Traducción general y traducción especializada

Una primera distinción fundamental es la que separa la traducción general de la traducción especializada.

  • La traducción general abarca textos sin una densidad terminológica alta ni una dependencia técnica de un campo concreto: artículos de prensa, correspondencia, contenidos de marketing, textos divulgativos, literatura. El dominio de las dos lenguas y el criterio editorial del traductor son los recursos principales.
  • La traducción especializada, en cambio, trabaja con documentación que pertenece a un ámbito del conocimiento con terminología propia y convenciones textuales específicas: el derecho, la medicina, la ingeniería, las finanzas, la ciencia. El traductor especializado no solo domina las dos lenguas: conoce el campo del que habla el texto, maneja su vocabulario técnico con precisión y sabe cómo se presentan ese tipo de documentos en cada lengua y cada sistema jurídico o regulatorio.

Los sectores con mayor volumen de demanda de traducción especializada son el jurídico y notarial, el médico y farmacéutico, el técnico e industrial, el financiero y el científico-académico. Cada uno tiene sus propias exigencias y sus propias consecuencias cuando algo se traduce mal.

Tipos de traducción por modalidad

Además de la distinción entre general y especializada, la traducción se clasifica también por la modalidad en que se realiza, es decir, por el tipo de soporte, el proceso de trabajo y la relación entre el texto y otros elementos.

La traducción escrita es la modalidad más extendida: el traductor trabaja con un texto original en soporte escrito y produce un texto equivalente en la lengua meta. Puede ser una traducción directa (hacia la lengua materna del traductor) o inversa (hacia una segunda lengua). La inmensa mayoría de la traducción profesional que se contrata, desde documentos legales hasta manuales técnicos, es traducción escrita directa.

La interpretación es la modalidad oral de la traducción: el intérprete traslada el mensaje de una lengua a otra de forma simultánea o consecutiva, sin poder detenerse a revisar. La interpretación simultánea (la que se usa en conferencias internacionales y organismos multilaterales, con cabina y auriculares) y la interpretación consecutiva (donde el intérprete espera a que el hablante termine su intervención) requieren habilidades y condiciones de trabajo muy distintas a las de la traducción escrita. Aquí puedes leer más sobre las diferencias entre traducción e interpretación.

La traducción audiovisual es la que trabaja con contenidos en los que el texto coexiste con imagen y sonido. Sus principales modalidades son el subtitulado profesional (los subtítulos que aparecen al ver una serie en versión original, aquí tienes más información sobre qué es la subtitulación), el doblaje (la sustitución de la banda sonora original por una grabada en la lengua meta) y el voice over (donde la voz original permanece audible en segundo plano mientras se superpone la locución traducida, habitual en documentales). Cada una tiene restricciones técnicas propias que condicionan cómo puede traducirse el texto.

Dentro de la traducción audiovisual existe además un conjunto de modalidades orientadas a la accesibilidad: el subtitulado para sordos y personas con discapacidad auditiva, que transmite toda la información sonora en forma de texto, y la audiodescripción, que convierte la información visual en narración oral para personas con discapacidad visual. Estas modalidades combinan la traducción con criterios de diseño de comunicación accesible. Aquí puedes saber más sobre traducción  y accesibilidad audiovisual. Y aquí sobre qué es la audiodescripción y cómo se hace.

La localización es una modalidad que va más allá de la traducción del texto: adapta un producto completo (una aplicación, un videojuego, traducir profesionalmente un sitio web, un e-commerce) al mercado de destino, incluyendo elementos culturales, formatos de fecha y número, referencias geográficas, diseño de interfaz y tono de comunicación.

La traducción jurada: un caso especial

Un tipo de traducción que merece mención específica porque genera dudas frecuentes es la traducción jurada. No es una especialización temática, sino una categoría legal: es la traducción que un traductor-intérprete jurado (habilitado por el Ministerio de Asuntos Exteriores en España) certifica con su firma y sello oficial, dando validez jurídica al documento traducido ante la administración pública y los órganos judiciales.

Se utiliza para documentos que deben surtir efectos legales en un país distinto al de su emisión: partidas de nacimiento, títulos académicos, contratos, sentencias, poderes notariales, certificados de antecedentes penales. No todos los documentos necesitan traducción jurada, pero cuando un organismo público la exige, ningún otro tipo de traducción la sustituye.

Qué no es la traducción

Hay tres confusiones frecuentes que conviene despejar.

  • Traducir bien consiste en ser bilingüe. El bilingüismo es una condición necesaria pero no suficiente. Un traductor profesional domina también la redacción en la lengua de llegada, conoce las convenciones del tipo de texto con el que trabaja, gestiona la terminología de forma sistemática y entiende cuándo la literalidad sirve al texto y cuándo lo perjudica. Hay bilingües que no saben traducir y traductores excelentes que aprendieron su segunda lengua como adultos.
  • Equiparar la traducción automática con la traducción profesional. Los sistemas automáticos han mejorado mucho en los últimos años y son útiles para hacerse una idea del contenido de un texto o para agilizar ciertos flujos de trabajo. Pero producen errores que no siempre son visibles para quien no domina la lengua de partida, y tienen dificultades específicas con la ambigüedad, el registro, la terminología especializada y las referencias culturales. La postedición por un profesional es necesaria cuando el resultado tiene que ser fiable.
  • Pensar que la traducción es siempre un proceso individual. En proyectos de volumen medio y alto, la traducción profesional implica equipos: un traductor principal, un revisor que no ha intervenido en la traducción, un corrector de estilo y, en proyectos técnicos, un especialista en la materia que valida la terminología. Ese proceso de control de calidad es lo que distingue un servicio de traducción profesional de una traducción realizada por una sola persona sin revisión.

Ejemplos de traducción en contextos reales

Para hacer más concreto todo lo anterior, algunos ejemplos de situaciones donde la traducción tiene un papel real y sus consecuencias son visibles.

  • Una empresa española que lanza un producto en Alemania necesita traducir el manual de usuario al alemán. Esa traducción es obligatoria por la legislación europea sobre seguridad de producto, y si contiene un error en las instrucciones de seguridad, la responsabilidad legal puede recaer sobre la empresa. El documento exige traducción técnica con revisión especializada.
  • Un ciudadano extracomunitario que solicita la homologación de su título universitario en España necesita presentar el documento en traducción jurada al castellano. Sin ese documento con firma y sello de traductor jurado, la administración no tramita la solicitud.
  • Una plataforma de streaming que adquiere los derechos de una serie turca para emitirla en España necesita subtítulos en castellano. Si la serie va a emitirse también en televisión, los subtítulos deben cumplir con los requisitos de velocidad de lectura y presentación que establece la norma UNE 153010 para ser accesibles a personas con discapacidad auditiva.
  • Un laboratorio farmacéutico que quiere comercializar un medicamento en cinco países de la Unión Europea necesita traducir toda su documentación regulatoria a los idiomas oficiales de esos países, con terminología coherente entre versiones y validada por profesionales con formación en ciencias de la salud.

En los cuatro casos, la traducción no es un trámite secundario. Es parte del producto o del proceso, y su calidad tiene consecuencias directas.

La traducción en Trágora

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